La Sede Central de la Caja de Ahorros del Mediterráneo - CAM

sábado, 15 de marzo de 2008

Uno de los honores que puede ostentar el Barrio de Benalúa, es el de albergar, en su zona colindante con el centro financiero de la ciudad, la Sede Central de la entidad bancaria más importante del sureste españo: La CAM (Caja de Ahorros del Mediterráneo), heredera de la Caja de Ahorros del Sureste y de la Caja de Ahorros de Alicante y Murcia.

Con motivo del 30 aniversario de la Caja de Ahorros Provincial de Alicante (C.A.P.A.) y su gran crecimiento, se decidió crear una nueva sede institucional, mucho más funcional que su predecesora, ubicada en la Torre Provincial de la Rambla (ya que no pudieron comprar los pisos ocupados por otros inquilinos).
El objetivo era, entre otros, dar una respuesta al golpe de efecto que dieron los de la CAM, que habían levantado su sede y centro cultural en el Paseo Gadea 1, frente a Canalejas, con un espectacular edificio en altura en un lugar privilegiado.
Sin embargo, este pulso duró poco tiempo, porque llegó la alianza y las cajas de ahorros se fusionaron, decidiendo ubicar la sede central en el nuevo edificio de Benalúa, y requiriendo de más espacio, por lo que el proyecto fue modificado.

Boceto de Francisco Muñoz Llorens y Pascual Genovés para la Caja de Ahorros de Alicante. 1978.





El lugar elegido fue claro los nuevos solares que surgieron en el perímetro de Benalúa (barrio que aquél año celebraba su centenario), un punto por donde a diario pasarían miles de alicantinos en el futuro, en plena zona de expansión urbana, en lo que sería el predestinado futuro centro financiero y comercial: el entorno de Maisonnave.

Enero de 1979. Fotografía de la inauguración de las obras de la Sede Central de la CAM, colocación de la primera piedra y acto de bendición. Fotografía de Alicante Vivo.

Imagen nocturna del edificio, iluminado y brillante en pleno centro comercial de la ciudad.

En aquellos años se estaba procediendo a la canalización y urbanización del barranco de Benalúa para dar lugar a un paseo tipo rambla, que recogería el nombre del benaluense Óscar Esplá. Aquella zona, pasó en pocos años de ser un lugar oscuro donde sólo existían almacenes y naves industriales, a desmantelarse para dar lugar a un auténtico desarrollo inmobiliario de alto nivel, con viviendas de lujo, zonas de tiendas y sedes de empresas representativas.
Uno de los principales motores responsables de este proceso fue, junto con la revalorización del precio del suelo (muy suculenta para las empresas que poseían ahí sus viejos almacenes), la aparición de Galerías Preciados, y posteriormente, a finales de los 80, de El Corte Inglés.

Anuncio en prensa en el año 1984 de la inminente inauguración de la flamante y esperada nueva sede.

La nueva sede, es conocida en toda la ciudad, y su función representativa e icónica, para potenciar la imagen de marca, la cumple a la perfección, pues no hay quien no asocie su imagen a la de la CAM. De hecho, en el momento de su inauguración en 1984, y durante los primeros años de su existencia, al edificio se le conoció popularmente en Alicante como "La Cristalera" (muchos lo asociaron con la superficie acristalada de las catedrales góticas), un nombre que hoy va perdiéndose, pero que seguro muchos todavía recuerdan.

Su construcción estuvo condicionada por un factor orográfico importantísimo: por su solar discurría el histórico barranco de Benalúa que descendía desde las vías de Renfe hacia el mar por lo que hoy en día es Óscar Esplá.
La sede central, que en sus bajos alberga la que fue oficina número 100 de la CAM, se ubica en la Avenida Óscar Esplá 35-37.
El edificio fue proyectado a finales de los años 70 por el arquitecto alicantino Francisco Muñoz Llorens (conocedor del barrio, por cierto) en colaboración con su colega de profesión Pascual Genovés, y la dirección de obra fue llevada a cabo por el también arquitecto Alejandro Parrés.
Emplearon cinco años en finalizar el proyecto, puesto que sufrió bastantes cambios al realizarse la fusión bancaria que convertiría este edificio en Sede Central de la CAM, lo que provocó la necesidad de más dependencias, y la eliminación de un gran espacio abierto en su planta baja, concebido como patio de operaciones, para sustituirlo por más oficinas. Se perdió así un generoso espacio cívico bajo la luz cenital de la cubierta, y el proyecto perdió uno de sus puntos fuertes y de mayor interés, basado en la tipología bancaria que idearon Echaide y Ortiz-Echagüe en los 60.

La espectacular sala de juntas en la última planta, con su mesa redonda, bajo un gran lucernario.


El interior de la gran cúpula acristalada de la cubierta, con un atrio que da acceso a despachos importantes y salas de juntas, presidido por una escultura de arte cinético de Eusebio Sempere.

La verticalidad de los pilares de fachada, que forman una estructura externa, tras la que se descuelga el muro cortina.

Para poder afrontarlo, Francisco Muñoz y Pascual Genovés realizaron multitud de viajes para poder conocer la arquitectura de oficinas más puntera que se estaba realizando en el mundo (en Alicante no tenían mucho que ver...). Así, en medio de esta aventura, se enrolaron en viajes a Francia, Suiza, Alemania, Holanda... para aprender de los grandes y traer las mejores ideas para levantar un edificio emblemático en Alicante.
He aquí gran parte del mérito de este arquitecto, que decidió contrarrestar las carencias arquitectónicas de la ciudad viajando y aprendiendo, para después traerlas a Alicante y poder dar un salto de calidad; todo esto, sin renunciar a su peculiar estilo ecléctico, que huía de la modernidad estricta, para buscar la fantasía de los ritmos, los colores y las formas.

La fachada del edificio, al completo.

El objetivo del proyecto era claro: un hito urbano reconocible e inconfundible, que bebiera de las últimas corrientes que llegaban desde los rascacielos de las ciudades de América a través del cine y las publicaciones, con sus grandes fachadas acristaladas.
En aquél solar de más de cinco mil metros cuadrados, deberían proyectar un edificio moderno, preparado para adaptarse a los cambios tecnológicos (mayoritariamente informáticos) que afrontaría el mundo bancario en el futuro, y que pudiera convivir con la realidad de la ciudad de Alicante.

Artículo publicado en el Diario Información el 8 de Enero de 1984.

El programa incluiría retos muy diversos y novedosos para la arquitectura que se hacía en Alicante en los 80: todo un "búnker" seguro (con cristales blindados, circuito cerrado de televisión con cámaras de seguridad, puertas de acceso ultra resistentes...), donde albergar 2.116 cajas fuertes en los que se guardarían todo tipo de secretos, joyas, escrituras... Asímismo, el programa incluiría zonas de oficinas, despachos, salas de juntas, cafetería, restasurante "self service", una sala de exposiciones de 250 metros cuadrados, un auditorio que haría las funciones de salón de actos para trescientas personas, y estaría preparado para albergar conferencias, conciertos de cámara o recitales (con acceso desde la calle Isabel la Católica).

Imagen de la cubierta del edificio de la CAM, con su gran cúpula acristalada y los lucernarios de los despachos de la última planta.

Con la sostenibilidad tan de moda hoy en día, no podemos dejar de resaltar que hace más de veinte años, Francisco Muñoz ya pensó en el ahorro energético en este edificio, donde la iluminación permitiría reducir el consumo eléctrico, y en el que la creación de un micro clima interno propiciaría un ambiente agradable en verano, gracias al fluir del agua y al frescor que propiciaría la vegetación colgante, empleando la novedosa jardinería hidropónica.
Además, la audacia del arquitecto, permitió aprovechar el manantial subterráneo de agua que se encontró al realizar la cimentación (del que brotaban 60.000 litros a la hora) para que los conductos del aire acondicionado realizaran aquí su transferencia térmica, cediendo calor al agua, y permitiendo, de nuevo, un ahorro energético considerable y ecológico.

Imagen del hall interior, iluminado cenitalmente por una enorme claraboya con forma de cúpula. Las seis plantas diáfanas podrían asomarse a este espacio central, donde la jardinería cobraría protagonismo.

La tecnología estaba presente en todo el proyecto: el revolucionario sistema de aire acondicionado fue tan importante en su momento, que en España sólo había dos iguales, y en Europa, otros dos. Asímismo, se instaló una centralita telefónica automatizada con capacidad para mil líneas, que podían controlar dos operadores.
Todos los empleados se moverían por los distintos departamentos con lo que entonces parecía un método futurista sacado de las películas de Star Trek: una tarjeta magnética que les identificaría para acceder a cada estancia.
Y lo más desconocido del edificio es que, a diecisiete metros bajo tierra, se ubicó el gran "cerebro" informático de la CAM, la sala de ordenadores donde se gestionaban todas las operaciones y se almacenaban los datos en cintas magnéticas. El ordenador principal costó entonces cien millones de pesetas.

El acceso principal.

Como anécdota, diremos que se proyectó un sistema de vagonetas con raíles para transportar la documentación física (que entonces tenía mucho peso, nunca mejor dicho), y se impulsarían desde una sala de máquinas. Los arquitectos, bautizaron el sistema como "el trenet".

Obras de acondicionamiento del hall. Los últimos trabajos antes de la inauguración. Tanto el Hall como la sucursal, estarían revestidos con mármoles blancos y maderas nobles. El suelo, sería un novedoso pavimento flotante que permitiría llevar cableado de un modo oculto, fácilmente accesible y modificable.


La voluntad de Francisco Muñoz de crear una imagen de referencia para el edificio se debía plasmar con la mejor tecnología posible en el momento para la construcción. Decidió que el muro cortina (una fachada creada totalmente con vidrio y soportes metálicos) sería la solución apropiada, conociendo el éxito que tuvo el antecedente que él mismo, junto con Julio Ruiz Olmos, realizó para el mismo cliente en 1956, al levantar la Torre Provincial.

En "La Cristalera", la fachada de vidrio azulado bebe de las fuentes formales e icónicas que el gran Philip Johnson aplicó en su sede de la AT&T en Nueva York, levantado pocos años antes (1978), y que fue un gran precedente a tener en cuenta.

Sin hablar de interpretaciones de gustos, tenemos que decir que este edificio marcó un antes y un después en la arquitectura moderna de la ciudad de Alicante, incorporando al buen proyecto arquitectónico la tecnología y las técnicas vanguardistas de construcción. Prueba de ello, es que hoy, casi un cuarto de siglo después, el edificio se ha podido actualizar sin esfuerzo a los cambios de las tecnologías informáticas sin sufrir ningún tipo de reforma.

Su remate con arcos y el logotipo de la CAM, y la operación que se realizó para incorporar los colores y la señalética de la institución bancaria a la fachada, son rasgos de identidad que todos reconocemos instantáneamente al ver la ciudad reflejada de día y de noche en sus cristales, con las palmeras de Óscar Esplá acentuando la verticalidad.

Los colores de la CAM aparecen en todas partes.

Amable gesto: los accesos a los bajos de la Sede de la CAM, con maceteros ajardinados, algo encomiable en una iniciativa privada, conociendo el urbaniso agresivo como que vivimos hoy y la necesidad de aprovechar al máximo hasta el último metro cuadrado de suelo para el uso privado y privativo.

Por cierto, desde no hace mucho, en su interior se hallan los cuadros (algunos de Edmundo Lloret) embargados para el pago de la deuda que contrajo la Sociedad Cultural "La Benaluense" cuando se tuvo que cerrar su anterior sede en la placeta.


Fuentes:
Francisco Muñoz Llorens - Vía Arquitectura - Artículo de Jordi Navas
Diario Información - 1984


Puedes localizar la Sede Central de la CAM en nuestro Mapa de Panoramio.

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2 comentarios:

Rubén dijo...

He actualizado el artículo de la sede de la cam con fotos inéditas: el interior de la sala de juntas, la cúpula desde dentro con una escultura de sempere...

FCO. JAVIER dijo...

Aunque en el artículo se cita unas cuantas veces a los tres arquitectos, no he visto en ningun lugar que se nombrase a quien hizo la obra.
Fué la empresa Dragados y Construcciones la que ejecutó la obra de "La Capelleta", desde los sótanos hasta los arcos más altos de la fachada. Allí trabajamos casi 500 personas, de todos los oficios, e hicimos posible la realización de esta obra.

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