Recuerdos de las tardes de lluvia en Benalúa

jueves, 15 de noviembre de 2007

Desde el blog amigo Alicante/Alacant Siempre, nuestra compañera Alacant siempre hace referencias al barrio de Benalúa. El 12 de octubre de 2007 publicó este precioso relato volcando su memoria en pos de recuerdos de nuestro barrio en días lluviosos. Aquí os lo dejo, y no olvidéis visitar su blog.

(La placeta a finales de los 80. Fotografía de la familia Ortuño.)

Recuerdos de las tardes de lluvia en Benalúa
Hace años un día como hoy, lluvioso y con ráfagas de tormenta y truenos, todos los niños estaban forzosamente en casa. Hablamos de tiempos sin televisión y con la radio como amiga y compañera del paso de las horas. Bueno y el silencio y el reloj. Un día hablaremos de esto. El silencio en el barrio de Benalúa .

Los niños protestaban lloriqueando porque querían bajar a jugar a la calle con los demás niños que como él permanecían largos ratos junto a las ventanas y balcones. Desde allí se hacían señas o se daban voces porque las calles de Benalúa son cercanas y entrañables.

Si llovía dos cosas eran imprescindibles, la primera, beber agua del cielo en un vaso. Así que todos sacaban los bracitos lo más lejos posible, pues lo normal era recoger la que caía de los tejados y arremangados casi hasta el hombro se mojaban todos los brazos y la cara pues además había que mirar al cielo para asegurarse bien. Tan sólo llenaban dos deditos del vaso de un agua insípida y gritaban con fuerza que ya habían bebido, pues algunos no lo conseguían. Después, había que hacer pompas de jabón por lo que arramblaban con las pastillas de jabón que había en la casa si eran varios hermanos. Trocearlas, ponerlas a remojo, ablandarlas y remover para obtener un líquido blanco, mientras con los periódicos hacían un cucurucho del que dependía la gracia, el tamaño y el éxito de las pompas.

Las pompas eran enormes y de bellísimos colores. Los de los pisos altos eran la envidia pues sus pompas se deslizaban por toda la calle , subiendo y bajando. Y los de los bajos enseguida se les aplastaban en el suelo, razón por la que se subían a la reja si les dejaban. Habían superpompas dos otros o tres o cuatro juntas que se iban desprendiendo en su movimiento de flotación. Y habían vasos que ni soplando la cosa funcionaba y al final el periódico se deshacía.

Cuando paraba de llover se bajaba corriendo con las botas de agua negras “las katiuskas” a buscar los charcos, que siempre volvían llenos de barro. Y aquí está el tercer encanto de la lluvia acercarse por la calle Foglietti a coger “barro” con la idea de hacer figuritas de barro. Pero un pensamiento era fijo en todos los niños ya que llovía… ¿mamá, porqué no nieva nunca en Alicante?… qué pasión de nieve tenemos todos los alicantinos.
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1 comentarios:

Rubén dijo...

Qué relato tan bonito!! lo de beber agua del cielo me ha encantado!!!

Vaya tesoro hemos recogido!!

Y la foto!! es genial!! tengo ganas de investigarla!!! pero apenas reconozco nada!! ayúdame ernes!! esa "pérgola" con los banquitos no la recuerdo, y tampoco que la plaza estuviera tan alta respecto de la calle...
el edificio de chaflán redondeado de la calle tuvo que ser muy característico...

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