En el número 25, podemos encontrar una curiosa vivienda. Se trata de una casa de planta baja + piso. A simple vista, nos parece de un corte más moderno que las viviendas tradicionales, pero nuestra bien entrenada mirada nos hace reconocer rasgos inevitables.
Fijáos en la moldura de la cornisa, en que ocupa una parcela de tamaño y posición exacta a las originales, que tiene la misma altura, tejado... y por si estos indicios no son suficientes, podéis apreciar el ritmo de los huecos de la fachada en planta baja, que pese a haber sido distorsionados para ubicar una clínica de Fisioterapia, siguen guardando un parecido más que similar con los de las Viviendas Originales.
Se puede considerar como una pérdida en cuanto al legado patrimonial y ambiental que se perdió, pero también como una manera de supervivencia para mantener una casa que, de otro modo, probablemente habría sido pasto de la excavadora. Aunque ya no encontremos su lenguaje clásico, seguramente en el interior se conserva alguna sorpresa que perdura desde su construcción inicial. Además, su valor urbano es positivo: evita la densificación del barrio (1 vivienda en lugar de 5 sobre el mismo solar, con sus correspondientes coches...), aporta luminosidad (entra luz por el hueco que deja en su parte alta entre edificios de mayor altura) y esponja la visibilidad.
Y por si fuera poco, ayuda a mantener un trocito, aunque sea muy borroso, de nuestra historia, y esta reforma se podría deshacer con una operación de reconstrucción de la fachada.
Se trata de los números 26 y 28, dos casas muy bien conservadas.
A pesar de esto, tenemos que mencionar una desafortunada ocultación de los sillares de base de la fachada con unos aplacados de piedra falsa, y la destrucción y ocultación de las molduras y despieces dibujados originalmente en la fachada.
De nuevo, en este caso, se ha ocultado la base de sillares vistos de la fachada a cambio de un aplacado en el mismo lugar. Y una decisión maravillosa ha sido la de conservar las antiguas carpinterías y marcos de ventanas (todos de madera), sin modificar nada la fachada, ni siquiera para introducir las persianas modernas enrollables, cuyo tambucho se ha ubicado empotrado en el exterior del marco sin resaltar excesivamente.
El interior de la planta baja es una tienda muy curiosa (El Crisol, un herbolario), y os recomendamos asomaros, al menos para apreciar lo bien que han restaurado el interior del edificio y lo hermosas que son las vigas de madera originales del techo.
En el número 34 tenemos una tragedia que avanza a pasos agigantados hacia un final cantado que más que probablemente sea su demolición. El estado en que se encuentra no dice nada a su favor, sino todo lo contrario: habla de desidia y olvido, falta de cariño y de cuidado ante una pieza histórica como ésta.
Para finalizar, vamos con una nueva curiosidad: el número 34. No, no nos hemos equivocado, y no se hacían viviendas de 4 pisos en Benalúa en 1884.
Como habréis podido apreciar en estas fotos y en todas las de los posts anteriores sobre edificios de Benalúa, existe una triste tendencia consistente en afear y estropear las fachadas tanto a base de cables como a base de pegatinas para servicios domésticos... Es algo sobre lo que todos deberíamos concienciarnos para tratar de evitarlo.
En las inmediaciones de todas estas casas, durante el último año, se han construido 3 nuevos edificios en este tramo de la calle sobre viviendas originales que no pudimos fotografiar (recordamos que siempre serán bienvenidas las fotografías del barrio recibidas en nuestro email!!)
Puedes ver estas viviendas en nuestro mapa de Panoramio: números 25, 26, 28, 29, 34, 37.

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