Arquitecto Don José Guardiola Picó

jueves, 19 de julio de 2007

El Arquitecto que proyectó el Barrio de Benalúa fue Don José Guardiola Picó, nacido en Alicante en 1836. Ilustre personaje alicantino con importantes proyectos en su carrera (muchos de los cuales hoy sobreviven todavía) como fueron la urbanización de la Explanada de España sobre los restos de las murallas derribadas ganando terreno al mar (entre 1867 y 1894), la Casa Alberola (en 1891) frente al Parque de Canalejas, la ampliación de la Plaza de Toros (1884-1887), el Asilo de Nuestra Señora del Remedio, el Campanario de la Concatedral de San Nicolás, la reconstrucción del Santuario de San Roque (1875-1886), el edificio central de la Caja de Ahorros de Alicante, la Iglesia original de Benalúa (destruida y reconstruida posteriormente por otro prestigioso arquitecto alicantino: Juan Vidal), y el proyecto del Mercado construido en la plaza de Hernán Cortés (luego trasladado a Benalúa en 1900)

Su máxima ilusión era embellecer su ciudad y hacer de Alicante una ciudad donde la convivencia y la alegría de los vecinos fuera su característica principal. De su imaginación y su maestría surgieron los planos de importantes edificios y espacios urbanos durante los 40 años que ejerció su profesión.

Con un objetivo tan comprometido, en un momento en que la ciudad vivía oprimida dentro de las murallas y en condiciones muy insalubres, se embarcó en un inmenso proyecto bebiendo de las ideas higiénico-sanitarias, las más avanzadas de la época, que deslumbraron a una ciudad que nunca había conocido semejante calidad urbana.

Guardiola, además de notable Arquitecto, fue titular del Ayuntamiento de Alicante, y también de la Ciudad de Orihuela y de su Diócesis. También logró ser académico de la Real Academia de Bellas Artes. Escribió diversos libros cuyo contenido, principalmente, estaba dedicado a divulgar sus concepciones téncinas de las reformas de principios de siglo.

Murió el 17 de Agosto de 1909, a los 73 años de edad.

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6 comentarios:

Rubén dijo...

A ver si alguien puede solucionarme una de las grandes dudas que tengo sobre los arquitectos alicantinos:
¿¿José Guardiola Picó es familiar de Juan Guardiola Gaya??
Por épocas, quizá podría ser su abuelo... (Juan Guardiola nació en Reus en 1927)

Conociendo la historia de Juan Guardiola, pondría la mano en el fuego y diría que no son familia. Yo creo que es pura coincidencia lo de los apellidos, pero me he llevado tantas sorpresas con parentescos increíbles que ya me espero cualquier cosa y quizá son parientes lejanos...

eRNeS dijo...

No te lo vas a creer, pero creo que tengo el diseño de la primigenia iglesia de Benalúa que realizó el maestro Guardiola. Debo encontrarlo!!! Graias Rubén!!

Rubén dijo...

genial! qué ganas tengo de verlo!!
porque fotos no habrá casi seguro verdad?

eRNeS dijo...

Una más que "peculiar" visión sobre José Guardiola Picó publicada en http://www.larepublica.es/spip.php?article5279

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Pedro Luis Angosto
Un urbanista ejemplar
00:28h. del Lunes, 7 de mayo.

José Guardiola Picó, arquitecto, higienista, republicano y hombre comprometido con el pueblo, ha sido, tal vez, el arquitecto que más ha hecho por Alicante, una ciudad vapuleada, como tantas otras de nuestro Mediterráneo, por el franquismo y su actual y demoledora versión urbanística. Viajero curioso, estudiante eterno, conoció de primera mano los planes que Haussmann había elaborado para transformar París en una de las ciudades más hermosas del mundo; estudió la Ringstrasse de Viena y mantuvo una estrecha relación con Ildefonso Cerdá, artífice del ejemplar ensanche de Barcelona y autor del primer tratado de urbanismo de la historia, su Teoría General de la Urbanización, publicada en Barcelona en 1867. En París, Haussmann había diseñado una ciudad a partir de plazas radiales, en Viena la Ringstrasse se hacía formando círculos concéntricos, mientras que en Barcelona, Cerdá había elaborado un ensanche ortogonal con edificios interclasistas, con jardines interiores, grandes plazas y avenidas arboladas.

Dentro de las posibilidades que tenía Alicante, Guardiola Picó, sin despreciar ninguno de los modelos citados y contra todas las trabas administrativas, económicas y políticas que le fueron poniendo en el camino los políticos de la Restauración que veían en él a una persona poco grata, optó por algo parecido a lo que Cerdá había ideado para Barcelona. Una vez derrumbadas las murallas quiso construir una ciudad moderna, dotada de los últimos adelantos higienistas, entre ellos un alcantarillado suficiente que desembocase lejos de la ciudad –en el paraje de Agua Amarga- y no en el puerto como sucedía hasta entonces convirtiendo el lugar más atractivo de la misma en un foco infeccioso y pestilente que ahuyentaba al visitante en un tiempo en el que proliferaban las campañas para hacer de Alicante una ciudad turística de primer orden internacional.

Tras diseñar y construir el Paseo de los Mártires –los mártires fueron los liberales fusilados por Narváez en 1844-, que quería llegase desde el Cocó hasta la playa de Babel, o sea tres veces el tamaño actual, en 1890 Guardiola trazó el ensanche de la ciudad a base de grandes avenidas interrumpidas por plazas arboladas que partiendo del citado paseo se extendiesen hacia el norte y el oeste, entrecruzándose entre sí. Pero no se ocupó sólo del trazado, sino de la tipología de los edificios que se iban a construir, de tapar el sol impenitente característico de la ciudad llenándola de árboles autóctonos, adaptados a la sequía, frondosos. La Rambla, los paseos de Gadea, Soto y Marvá, el que uniría muchos años después el muelle de poniente con la estación de ferrocarril (hoy Óscar Esplá), la avenida Maisonnave, Alfonso El Sabio, la calle San Francisco, la ampliación del Portal de Elche, la repoblación del Benacantil –monte donde se ubica el castillo de Santa Bárbara-, la reconstrucción y remodelación casi total de la Plaza de toros, la construcción de la espléndida Casa Alberola, el barrio de Benalúa fueron obra suya o planificadas por él. Había en su mente, pues, un concepto global de ciudad, un concepto del que no escapaba, ni mucho menos, la belleza.

Guardiola quería una ciudad moderna, pero al mismo tiempo la deseaba bella, armoniosa, equilibrada. Los edificios debían tener una determinada altura, una fachada vistosa, ornamentada, agradable y atractiva a la vista; las avenidas y plazas, pletóricas de árboles, además de facilitar el tránsito de vehículos, habrían de ser el lugar predilecto para el paseo, el encuentro y el ocio de los ciudadanos, una extensión hacia fuera de sus hogares. Sin embargo, Guardiola no se quedó sólo en la superficie: De nada valdría una ciudad hermosa y bien trazada si sus habitantes vivían en la miseria, situación que puso de manifiesto con especial énfasis en el cuestionario remitido al ministro de Gobernación en 1895, un alegato que describe como nadie lo había hecho hasta entonces la angustiosa situación vital de la mayoría de los alicantinos.

Hasta el golpe de Estado fascista de 1936, los proyectos de Guardiola Picó siguieron, de un modo u otro, ejecutándose, contribuyendo a hacer de Alicante una ciudad cada vez más abierta, agradable y personal. El franquismo desarrollista se olvidó de los conceptos urbanísticos, paisajísticos y humanos de Guardiola, dando prioridad a la piqueta, al construye como y donde quieras y a un uso del suelo contrario a los intereses públicos. Su obra fue prácticamente demolida y sustituida por el caótico paisaje urbano que hoy divisamos desde cualquier promontorio. Quedan las postales, las fotografías de aquella ciudad de finales del siglo XIX que de la mano de Guardiola Picó quiso ser bella, esas fotografías que nos emboban y aturden, que nos llenan de nostalgia y de rabia por lo que fue, pudo y dejo de ser una ciudad que de haber seguido las directrices marcadas por el genial arquitecto hoy estaría entre las más bellas del Mediterráneo.

El franquismo acabó con todo, también con Guardiola, con los Guardiolas que hubo en muchas ciudades españolas, algunos tan olvidados como el también republicano Amós Salvador Carreras. Desde hace unos años, los hábitos constructivos de ese periodo nefasto han regresado con más fuerza que nunca y amenazan con arrasarlo todo. No estaría de más echar la vista atrás y recuperar las ideas y proyectos de hombres como Guardiola, si es que todavía es posible. De momento lo que si es posible es expulsar de los Ayuntamientos y de la vida política española a quienes se llenan la boca nombrando la unidad de España al mismo tiempo que la destruyen y aumentan sus insaciables cuentas bancarias.
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Rubén dijo...

Me encanta que, de vez en cuando, aparezcan en los periódicos fragmentos como estos que introduzcan a todo el mundo en los verdaderos valores de la ciudad que les rodea para que aprendan a valorarlos y cuidarlos...
muy buen artículo, sí señor!

lucia dijo...

HOla, ¿Sabe alguién con quién se casó el arquitecto Guardiola Picó y cuántos hijos tuvo?

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